Este blog pretende recopilar las noticias más representativas de los avances de la física de estos últimos años, antes de que desaparezcan de la web.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Detectada la explosión más grande originada por un agujero negro

El cuásar expulsa una energía dos billones de veces superior a la que emana del Sol
Un equipo de astrónomos ha descubierto un cuásar con la emisión más energética descubierta hasta el momento, al menos cinco veces más potente que las que se han observado hasta ahora.
Los cuásares son núcleos muy brillantes de galaxias que se están formando y que, según se cree, son alimentados por la expulsión de masa por parte de enormes agujeros negros.
El descubrimiento se ha realizado con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Cerro Paranal (Chile).
Muchos cuásares eyectan ingentes cantidades de material hacia sus galaxias anfitrionas, y estos chorros desempeñan un papel muy importante en la evolución galáctica, "pero hasta ahora los chorros que se habían observado no eran tan potentes como se habría previsto", subraya ESO en un comunicado. Los detalles de la investigación se han publicado en la revista científica The Astrophysical Journal.
Este nuevo estudio ha observado con mucho detalle uno de estos energéticos objetos -conocido como SDSS J1106+1939- utilizando el instrumento X-shooter, instalado en el telescopio VLT. "Pese a que los agujeros negros destacan por atraer material, muchos cuásares aceleran parte del material que los rodea y lo eyectan a grandes velocidades", prosigue la nota de ESO.
Eyección "monstruosa" "Hemos descubierto la eyección de cuásar más energética conocida hasta el momento.
La velocidad a la que es expulsada esta energía por la enorme masa de material eyectado desde SDSS J1106+1939 es, al menos, equivalente a dos millones de millones de veces la potencia que emana del Sol.
A su vez, implica que es cien veces más potente que la producción energética total de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Es una eyección verdaderamente monstruosa", afirma el investigador principal del equipo, Nahum Arav, de Virginia Tech (EEUU).
Las nuevas eyecciones descubiertas se encuentran a unos mil años luz de distancia del agujero negro supermasivo que se localiza en el corazón del cuásar SDSS J1106+1939.
El análisis muestra que el cuásar pierde al año una masa de aproximadamente 400 veces la masa del Sol, moviéndose a una velocidad de unos 8.000 kilómetros por segundo. "Sin el espectrógrafo X-shooter del VLT no podríamos haber obtenido los datos que nos han permitido hacer el descubrimiento", añade Benoit Borguet también de Virginia Tech y autor principal del nuevo artículo. "Por primera vez pudimos explorar la región que rodea al cuásar con mucho detalle", concluye.

jueves, 18 de octubre de 2012

Y la Luna salió de la Tierra

Una nueva investigación sugiere que nuestro satélite natural está formado en exclusiva del material terrestre expulsado en un choque planetario
Los investigadores creen que, en efecto, un protoplaneta chocó contra la Tierra primitiva
El origen de la Luna resulta intrigante, hasta el punto de que los científicos no se ponen de acuerdo de cómo sucedió exactamente.

El miércoles, investigadores estadounidenses afirmaban en la revista Nature haber encontrado las evidencias químicas necesarias para confirmar la teoría del gran choque, según la cual la Luna se formó de los residuos que salieron disparados tras el impacto contra la Tierra de Theia, un enorme cuerpo planetario del tamaño de Marte, hace unos 4.500 millones de años.
Tan solo 24 horas después, dos equipos distintos sacan sus propias conclusiones en otra revista científica de primer nivel, esta vez en Science. Y tienen algo que matizar. A partir de modelos computacionales, han deducido que, en efecto, sucedió un violentísimo choque imposible de imaginar, pero el material que formó nuestro satélite natural provino exclusivamente de nuestro mundo primitivo.



Por eso, la composición química de la Tierra y la Luna son tan coincidentes, considerándose «gemelos isotópicos».
Muchos científicos creen que la misma Tierra surgió de una serie de impactos gigantes.

Estos golpetazos provocaron que nuestro planeta se pareciera mucho a una peonza, girando mucho más rápido de lo que lo hace ahora, tanto que un día duraba solo de dos a tres horas, muy cerca de su límite de estabilidad.
El último impacto gigante, creen, fue el que dio origen a la Luna.
Según el modelo firmado por investigadores de la Universidad de Harvard y el Instituto SETI, cuando el planeta Theia y esa primera alocada Tierra impactaron, la alta velocidad del giro de esta última provocó la expulsión de una gran cantidad de material terrestre que acabó en órbita.
El material eyectado -no el de Theia- resultó suficiente para formar la Luna con una composición química similar a la de nuestro mundo. Después del impacto, el giro rápido de la Tierra fue frenado por la interacción gravitatoria entre el Sol y la Luna.
Mucho mayores que Marte Según sus autores, el nuevo modelo es más acertado, ya que, con el descubrimiento de un mecanismo para reducir el giro de la Tierra después del impacto, explica sin problemas por qué la Luna tiene una composición química similar.
El segundo modelo publicado en Science, propuesto por científicos del Instituto de Investigación del Sudoeste (SwRI) de EE.UU., es bastante similar.
También acepta un gran impacto entre la Tierra y otro protoplaneta, pero en este caso ambos cuerpos son mayores y tienen una masa de 4 a 5 veces la de Marte.
De igual forma, creen que nuestro mundo giraba más rápido, aunque solo de 2 a 2,5 veces más, y la Luna se habría formado con escombros expulsados y organizados en un disco que orbita la Tierra. La teoría de una Luna primitiva que giraba rápidamente no es nueva.
Científicos del siglo XIX ya especulaban sobre esa posibilidad. George H. Darwin, hijo de Charles Darwin, ya sugirió en 1879 que la Luna se formó por una fisión de la Tierra. Después de tanto tiempo, estas nuevas investigaciones quizás vengan a darle la razón.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Descubierta una galaxia formada 200 millones de años después del Big Bang

Los astrónomos han hecho las observaciones con los telescopios espaciales ‘Hubble’ y ‘Spitzer’
Los científicos tienen la imagen, y con buenos detalles, de cuando el universo tenía sólo unos 400.000 años: es la llamada radiación de fondo de microondas. También conocen el universo cuando había pasado unos mil millones de años desde el Big Bang, ya lleno de estrellas y galaxias. ¿Y entre medias, entre una y otra imagen? Es un período difícil de explorar porque está al límite de sensibilidad de los mejores telescopios actuales. Sin embargo, es una fase de la historia del cosmos de importancia crucial, porque en ella se forman precisamente las primeras estrellas y galaxias. Un equipo científico ha recurrido a un truco de la naturaleza, un efecto de lupa gravitatoria, para echar un vistazo a ese periodo del universo tan lejano y, por tanto, tan primitivo. Así han descubierto una galaxia tal y como era hace 13.200 millones de años y ya tenía estrellas viejas. Presentan su hallazgo en la revista Nature.

La edad del universo es de unos 13.700 millones, así que cuando esa galaxia emitió los fotones de luz que ahora llegan a los telescopios, el cosmos no tenía más que 500 millones de años, menos del 4% de su edad actual.
Lo interesante de esta investigación, liderada por Wei Zheng (Universidad John Hopkins, EE UU) y con participación de astrónomos españoles, no reside solo en el hallazgo de esa galaxia MACS1149-JD lejanísima. “La mayor parte de los objetos de este tipo que se conocen son extremadamente débiles y no se puede decir mucho de ellos más allá de que existen”, señala Narciso Benítez (Instituto de Astrofísica de Andalucía, CSIC).
Y aquí juega su papel determinante el truco de la lupa natural, el efecto de lente gravitatoria por el cual resulta curvada y magnificada la luz de un objeto celeste cuando pasa junto a una masa considerable en su trayectoria hacia la Tierra.
En este caso la masa es un cúmulo de galaxias (MACS1149+2223) y el efecto de amplificación de MACS1149-JD es de 15 veces. Esto permite a los astrónomos ver detalles de aquella galaxia primitiva cuya luz, en condiciones normales, llega demasiado débil.
Zheng y sus colegas han estado precisamente haciendo una búsqueda sistemática -con la cámara infrarroja del telescopio espacial Hubble- de galaxias muy lejanas amplificadas por el efecto de lente gravitatoria y así han podido observar la MACS1149-JD, explica es especialista Daniel Stark en su comentario publicado en Nature.
Luego, con el telescopio Spitzer, de infrarrojo, han empezado a estudiar las características del conjunto estelar. Resulta que esa galaxia que se ve ahora tal y como era cuando el universo había cumplido 500 millones de años, ya tenía estrellas viejas, por lo que los astrónomos calculan que se formaría sólo 200 millones de años después del Big Bang.
Los astrónomos calculan las distancias de los objetos lejanos en el universo por el llamado corrimiento al rojo (z) de su luz, cuyo valor en el caso de MACS1149-JD es 9.6.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Descubiertos dos planetas que giran alrededor de dos soles

La misión Kepler de la NASA ha identificado ya alrededor de 2.165 binarias eclipsantes, entre las más de 160.000 estrellas que observa
La misión Kepler de la NASA ha descubierto dos nuevos planetas orbitando sistemas de doble estrella a los que han bautizado como Kepler-34b y Kepler-35b.
Los planetas fueron descubiertos al medir la disminución de la luz de las estrellas cuando éstos transitaban por delante de ellas.
La existencia de estos sistemas, llamados planetas circumbinarios, había sido predicha hace tiempo, se trataba tan sólo de una teoría hasta que el equipo descubrió el planeta Kepler-16b, en septiembre de 2011.
Kepler-16b es conocido por el nombre de Tatooine a causa de su semejanza con el mundo de dos soles de la película Star Wars.
Así, el profesor de la Universidad de Florida, Eric B. Ford, ha señalado que "se ha creído durante mucho tiempo que este tipo de planetas existía, pero han sido muy difíciles de detectar por varias razones técnicas".
Sin embargo, "ahora, con los descubrimientos de Kepler-16b, 34b y 35b, la misión Kepler ha demostrado que la galaxia está llena de millones de planetas que orbitan dos estrellas", ha apuntado.
El estudio, publicado en Nature, señala que los dos planetas son gigantes de gas de baja intensidad,

miércoles, 4 de julio de 2012

¡¡¡La partícula de Higgs por fin!!!

El CERN anuncia el hallazgo de la partícula más buscada de las últimas décadas, que abre las puertas del mundo subatómico
Por fin. Medio siglo después de haberse conjeturado su existencia, se ha descubierto la partícula de Higgs. Y es realmente importante: desde hoy se conoce un poco mejor cómo funciona el universo. Ha hecho falta construir el más potente acelerador de partículas, el LHC, dos colosales detectores y el trabajo y entusiasmo de miles de físicos e ingenieros de todo el mundo volcados en la investigación. El Higgs, dicho de modo muy sencillo, ayuda a explicar por qué existe la masa de las partículas elementales. Si el electrón, por ejemplo, no tuviera masa no se formarían los átomos y sin átomos no existirían ni estrellas, ni planetas ni personas.
En medio de una expectación mundial y en un auditorio abarrotado de gente emocionada en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), junto a Ginebra, los científicos que trabajan con el gran acelerador de partículas LHC anunciaron este martes el descubrimiento. “Hemos alcanzado un hito en nuestra comprensión de la naturaleza”, afirmó el director del CERN, Rolf Heuer.

El mismísimo Peter Higgs, veterano físico teórico de 83 años, que en los años sesenta, basándose en trabajos previos, propuso esta teoría para explicar el origen de la masa y en cuyo honor se llama la partícula, estaba en el auditorio del CERN y fue cariñosamente vitoreado. “Estoy extraordinariamente impresionado por lo que ustedes han logrado. Mis felicitaciones a todos los implicados en este increíble logro, y es una felicidad haberlo vivido”, dijo. Citó a los colegas que colaboraron en aquella teoría de hace casi 50 años y cedió todo protagonismo a los físicos del LHC que han hecho ahora el descubrimiento.
A las nueve de la mañana tomó la palabra Joe Incandela, portavoz de uno de los dos grandes detectores de partículas del LHC, el CMS, y durante 45 minutos fue exponiendo los resultados para concluir con el anuncio de que habían encontrado una partícula de tipo bosón de masa 125,3 gigaelectronvoltios (GeV). No dijo Higgs, pero el aplauso cerrado en el auditorio dejó muy claro lo que todo el mundo parecía pensar: debe ser el Higgs.
Tras el muy nervioso Incandela, llegó el turno de su colega Fabiola Gianotti, la portavoz del otro gran experimento, el Atlas. También fue explicando los pormenores técnicos de la investigación hasta que al final dijo que su equipo tenía la firma de esa nueva partícula con 126,5 GeV de masa (perfectamente consistente con la medida del CMS, como aclaró más tarde).
¿Están seguros? La certeza obtenida, según explicaron, es de 5 sigma (en el caso de Atlas) y 4,9 (en CMS), lo que implica una probabilidad de error tan baja, menor que 0,3 en un millón, que los físicos consideran efectivamente descubrimiento. Pero como científicos, Heuer, Incandela y Gianotti precisaron una y otra vez que los que los datos de los experimentos muestran es la existencia de una nueva partícula, un bosón, con esa masa. Ahora tienen que volcarse en la investigación de sus características para estar seguros de que se trata del bosón de Higgs predicho en el Modelo Estándar, la partícula que lo completa, la que faltaba en el puzle.

El Modelo Estándar describe, con tremenda precisión, las partículas elementales y las fuerzas de interacción entre ellas. Pero tiene, o tenía, una ausencia importantísima al no poder explicar por qué tienen masa las partículas que la tienen. La respuesta la propusieron hace medio siglo el británico Peter Higgs y otros especialistas, con un mecanismo que explicaría ese origen de la masa de algunas partículas y que se manifestaría precisamente en una partícula nueva, el llamado bosón de Higgs, que por fin asoma en los detectores del LHC.
“Sin masa, el universo sería un lugar muy diferente”, explican los científicos del CERN. “Por ejemplo, si el electrón no tuviera masa, no habría química, ni biología ni personas. Además, el Sol brilla gracias a una delicada interacción entre las fuerzas fundamentales de la naturaleza que no funcionaría si algunas de esas partículas no tuvieran masa”.
El Higgs del Modelo Estándar no es el final, no es la meta, sino el punto de partida de la investigación del universo más allá de la física conocida, recalcó Gianotti. Sandro Bertolucci, director científico del CERN, apuntó la importancia de “los desconocidos no conocidos”, es decir, de las nuevas partículas y fenómenos que pueden ir surgiendo en los datos del LHC. No hay que olvidar que la materia corriente, la que forma personas, piedras, astros… y que se rige por el Modelo Estándar, supone solo el 4% del universo. El resto es energía oscura y materia oscura, y de esta última los físicos del CERN esperan encontrar indicios en el futuro.
De momento hay que asegurar que esa partícula de unos 126 GeV es el ansiado bosón de Higgs. Los físicos conocen sus características teóricas, excepto la masa, y ahora se trata de ir comprobando si se ajusta a ellas el bosón descubierto. Heuer dijo que es como descubrir la cara de un amigo en una muchedumbre: “Para estar seguro de que se trata de él y no de su gemelo hay que acercarse y comprobar los detalles”.
El mecanismo de Higgs es algo tremendamente técnico, pero a lo largo de los años se han propuesto numerosos paralelismos para aclararlo. Una de las ideas más eficaces es la propuesta por el físico del CERN Gian Francesco Giudice en su libro A Zeptospace Universe: las partículas adquieren masa al interaccionar con el llamado campo de Higgs. Piense en agua en la que nadan delfines y se bañan hipopótamos, dice Giudice; para las partículas que no tienen masa, como el fotón, el agua es totalmente transparente, como si no existiera, mientras que las que tienen masa, pero poca, se deslizan fácilmente sin apenas interactuar con el líquido, como los delfines. Las partículas masivas, como si fueran hipopótamos, se mueven con dificultad en el agua. El campo de Higgs, el agua en el símil, se expresa en determinadas condiciones como una nueva partícula, como una ola en el agua, que es la que probablemente han encontrado ahora los físicos del LHC.

Para lograrlo, los científicos han tenido que analizar billones de colisiones de protones contra protones en el LHC, porque en esos choques a altísima energía, muy de vez en cuando, puede crearse un bosón de Higgs. Como es muy raro que se produzca, necesitan cantidades ingentes de choques para obtener la señal suficientemente clara de que está ahí, de que no es un ruido del experimento ni producto de los artefactos estadísticos del experimento. En realidad, los físicos no ven el Higgs, porque se desintegra inmediatamente, sino los productos de esas desintegraciones, que son como su firma. Luego reconstruyen los restos y ven si el Higgs ha existido en algún instante.
La presentación del descubrimiento, tras varios días de especulaciones y rumores, no podía ser más esperada. Mucha gente hizo cola durante la noche a las puertas del CERN para asegurarse la entrada en el auditorio y presenciar en directo el momento histórico, que se transmitió por Internet a todo el mundo.
La de este martes fue una ocasión de enorme satisfacción para los miles de científicos (más de 3.000 en CMS y otros tantos en Atlas) que han trabajado durísimo, aportando talento y entusiasmo, repitieron una y otra vez Incandela y Gianotti, sin olvidar “las fabulosas prestaciones del LHC” y del sistema de computación distribuida, el Grid, que ha permitido analizar los datos de billones de colisiones de partículas.

jueves, 31 de mayo de 2012

La guerra de las galaxias será con Andrómeda

Observaciones del Hubble indican que la Vía Láctea será destruida en una colisión cósmica | El Sol sobrevivirá al impacto pero saldrá despedido hacia la periferia de la nueva galaxia
La gran galaxia de Andrómeda está en rumbo de colisión contra la Vía Láctea, donde se encuentra el Sol, según observaciones realizadas durante los últimos cinco años con el telescopio espacial Hubble.
Del choque nacerá una nueva galaxia, que sumará las masas de la Vía Láctea y de Andrómeda. La gran mayoría de estrellas sobrevivirán al impacto, pero quedarán en órbitas distintas respecto al centro de la galaxia. El Sol, según las simulaciones realizadas a partir de las observaciones del Hubble, saldrá despedido de la plácida región de la Vía Láctea donde se encuentra ahora y quedará en la periferia de la nueva galaxia, según han anunciado los autores de la investigación en una rueda de prensa organizada por la NASA.
Aunque Andrómeda y la Vía Láctea se están acercando a unos 400.000 kilómetros por hora, están aún tan lejos que el choque de galaxias tardará 4.000 millones de años en producirse. En ese momento, el Sol aún estará fundiendo hidrógeno en su núcleo y tendrá previsiblemente los mismos planetas que ahora a su alrededor, pero emitirá más calor que ahora y ya no quedará rastro de vida en la Tierra.
Tras el primer impacto, aún pasarán unos 2.000 millones de años antes de que se complete la fusión entre las dos galaxias. De esa fusión nacerá una nueva galaxia gigante con un único agujero negro supermasivo en su centro que gobernará la gravedad de las estrellas que orbiten a su alrededor.
“Después de casi un siglo de especulación sobre el destino futuro de Andrómeda y de nuestra Vía Láctea, por fin tenemos una imagen clara de cómo se desarrollarán los acontecimientos durante los próximos miles de millones de años”, declara el investigador Sangmo Tony Sohn en un comunicado difundido ayer conjuntamente por el Instituto Científico del Telescopio Espacial Hubble y por la NASA.

Observaciones anteriores habían establecido que Andrómeda y la Vía Láctea se están aproximando atraídas por sus propias gravedades. Pero no se había podido calcular hasta ahora si pasarían una junto a otra a poca distancia, como dos astros que orbitan alrededor de un centro de gravedad común; si se rozarían por su periferia pero sobrevivirían al encuentro; o si chocarían de lleno, centro contra centro, y alumbrarían una nueva galaxia.
VIDEO IMPRESIONANTE     http://splashurl.com/qemxpn6
Según los resultados de la investigación que se presentarán en la revista The Astrophysical Journal, el final será de impacto. Las simulaciones realizadas a partir de las observaciones del Hubble indican que la pequeña Galaxia del Triángulo M33 que en estos momentos es satélite de Andrómeda, podría sumarse a la colisión.
Con o sin M33, “nuestros datos son estadísticamente consistentes con una colisión frontal entre Andrómeda y la Vía Láctea”, ha declarado Roeland van der Marel, astrónomo del instituto del telescopio Hubble y director de la investigación.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Fantasmales rayos gamma salen disparados del centro de la Vía Láctea

Descubren los restos de dos grandes chorros de radiación, señales de una violentísima actividad del gran agujero negro de nuestra galaxia en el pasado


Un grupo de investigadores del Instituto de Astrofísica Harvard Smithsonian acaba de descubrir los restos de dos enormes "chorros" de radiación gamma que parecen surgir del centro de nuestra galaxia y que se adentran en el espacio, desde los polos norte y sur del núcleo, hasta una distancia de 27.000 años luz. Se trata de los restos, opinan, de un pasado reciente de intensa y violentísima actividad del gran agujero negro que en la actualidad parece "dormir" en el corazón mismo de la Vía Láctea.
Las galaxias activas suelen tener corazones muy brillantes y violentos. La razón hay que buscarla en los enormes agujeros negros que hay en sus centros, monstruos gravitatorios que son millones de veces más masivos que el Sol y que devoran todo lo que se pone a su alcance, desde estrellas errantes a sistemas solares enteros.
A menudo, del núcleo central de estas galaxias surgen potentes chorros de energía, fruto de la intensa violencia que tiene lugar en el interior. Aparecen, en las imágenes de los telescopios, como dos haces brillantes y simétricos que se disparan hacia el espacio desde los dos polos de los núcleos galácticos. A menudo, la longitud de esos "chorros" se mide en cientos, incluso en miles de años luz.
En contraste, el corazón de la Vía Láctea, nuestra propia galaxia, permanece extrañamente tranquilo, como si el gran agujero negro central estuviese dormido. La razón de esta sospechosa calma no se conoce, pero un grupo de investigadores del Instituto de Astrofísica Harvard Smithsonian ha descubierto que las cosas no siempre fueron así. De hecho, todo parece indicar que en un pasado reciente (hace apenas un millón de años) también nuestra galaxia pasó por una etapa de actividad febril.
Un reflejo fantasmal
Los científicos han llegado a esta conclusión tras descubrir, con el telescopio espacial Fermi, los débiles y casi inapreciables restos de dos chorros de rayos gamma que emanan del centro de la Vía Láctea y se proyectan en direcciones opuestas, casi en perpendicular al plano galáctico.
"Estos haces tan débiles -afirma Meng Su, investigador del Harvard Smithsonian y principal firmante de un artículo que acaba de aparecer en Astrophysical Journal- son como un reflejo fantasmal de lo que existió hace un millón de años. Y afianzan la hipótesis de que la Vía Láctea tuvo un núcleo activo en un pasado relativamente reciente".
Los dos chorros se extienden, desde el centro de la Vía Láctea, hasta una distancia de 27.000 años luz, por encima y por debajo del plano de nuestra galaxia. Meng Su y sus colegas creen, además, que los "chorros" pueden estar relacionados con las misteriosos "burbujas" de rayos gamma que el Fermi detectó en noviembre de 2010.




Aquellas "burbujas" dejaron a los astrónomos con la boca abierta. Y resulta que su tamaño, 27.000 años luz desde el centro de la galaxia, coincide a la perfección con el de los restos de "chorros" recién descubiertos. Existe, sin embargo, una diferencia: mientras que las "burbujas" son perpendiculares al plano galáctico, los "chorros" de radiación gamma se inclinan sobe él formando un ángulo de 15 grados, lo cual podría ser consecuencia de la inclinación del disco de acreción que rodea al enorme agujero negro central.
10.000 soles en un agujero
"El disco de acreción central -explica Douglas Finkbeiner, coautor del estudio- puede arquearse a medida que cae en espiral hacia el agujero negro, debido a la propia rotación del mismo. El campo magnético del disco, entonces, acelera el material del chorro a lo largo del eje de rotación del agujero negro, que puede no estar alineado con el plano de la Vía Láctea".
A pesar de estar relacionadas, las dos estructuras (los "chorros" y las "burbujas") se formaron de manera diferente. Los chorros se produjeron cuando el plasma se extendió desde el centro galáctico, a raíz de un campo magnético en forma de sacacorchos que marcó con fuerza la orientación. Las burbujas de rayos gamma, por su parte, fueron creaas probablemente por el "viento" de materia caliente que sopla hacia el exterior desde el disco de acreción del agujero negro. Por eso, las burbujas son mucho más amplias que los chorros, que en comparación resultan estrechos.
El descubrimiento deja abierta la cuestión de cuándo se produjo el último periodo de actividad intensa en el centro de la Vía Láctea. La edad mínima puede calcularse dividiendo los 27.000 años luz que mide cada chorro por su velocidad aproximada. Sin embargo los chorros podrían haber existido desde hace mucho más tiempo. "Probablemente -asegura Finkbeiner- los chorros brillaron de forma intermitente a medida que el agujero negro tragaba o escupía materiales".
Según el investigador, para "activar" el chorro se necesita una cantidad de materia equivalente a 10.000 masas solares. "Echemos 10.000 soles dentro del agujero negro y el truco está hecho -bromea el científico-. Los agujeros negros son comensales muy poco aseados, de modo que algo del material engullido puede ser vomitado por ellos y originar los chorros