Cuatro de ellos serían inferiores al doble del tamaño de la Tierra y podrían orbitar en zona habitable
La
misión Kepler de la NASA ha anunciado hoy el descubrimiento de 461
candidatos a planetas nuevos.
Según la agencia espacial estadounidense,
cuatro de ellos tendrían una dimensión algo inferior a dos veces el
tamaño de la Tierra y podrían orbitar en la "zona habitable" de sus
planetas, aquella donde el agua líquida podría existir en la superficie
de un planeta.
Estos datos se han obtenido a través del satélite
Kepler desde mayo de 2009 hasta marzo de 2011, según ha informado la
NASA.
Los resultados muestran un aumento constante en el número de
candidatos a planetas de pequeño tamaño y en el número de estrellas con
más de un planeta que órbita a su alrededor.
Los expertos tienen opiniones dispares sobre el descubrimiento.
El
exdirector de programas de la NASA en España, Luis Ruiz de Gopegui,
resta importancia al hallazgo.
Según la opinión de este experto, desde
hace 30 años los científicos están buscando planetas con el objetivo,
asegura, de alzarse con el premio Nobel. "Cada 15 días aparece uno
nuevo.
Se ha convertido en una moda", afirma Ruiz de Gopegui. "Si hay
vida, no vamos a ir hasta allí ni vamos a mandar ningún mensaje", se
lamenta.
Sin embargo, para Valeriano Claros se trata de un
importante avance.
El antiguo responsable de la estación de seguimiento
de satélites de Villafranca de Castillo, en Madrid, cree que la novedad
de este nuevo hallazgo está en el sistema utilizado, que permite
estudiar la composición del posible planeta: por un lado, una suerte de
fotómetro que mide la luminosidad del disco solar y, por otro, un
espectógrafo que detecta una absorción de la radiación de la estrella.
O
más concretamente, si en ese planeta hay o no atmósfera, como sucede en
Marte.
A principios de 2012, 33 candidatos habían sido confirmados
El
director de la misión Kepler, Christopher Burke, señala que el
telescopio de la NASA ha incrementado un 20% sus hallazgos, que suman ya
un total de 2.740 planetas potenciales y 2.036 estrellas desde el
inicio de la misión.
Burke apunta además que los cuerpos con el mismo
tamaño de la Tierra son los más numerosos entre estos hallazgos, así
como las supertierras —más del doble de su tamaño—.
También se ha
constatado que el 43% de los candidatos a planetas de Kepler tienen
vecinos.
Para identificarlos, el telescopio espacial mide el cambio en
el brillo de más de 150.000 estrellas cuando los supuestos planetas
pasan por delante.
Se conoce como la técnica del tránsito, explica la
NASA, aunque para determinar que existe un planeta orbitando la estrella
se necesitan, por lo menos, tres tránsitos verificados.
De
momento, la agencia espacial seguirá realizando observaciones para
verificar que, efectivamente, se trata de nuevos planetas. A principios
de 2012, 33 candidatos habían sido confirmados. Hoy hay 105.
Este blog pretende recopilar las noticias más representativas de los avances de la física de estos últimos años, antes de que desaparezcan de la web.
martes, 8 de enero de 2013
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Dos agujeros negros record
Son los más masivos que se han encontrado hasta ahora, cada uno equivalente a unos 10.000 millones de soles
Un par de agujeros negros mucho más masivos que cualquiera encontrado hasta ahora, dos auténticos monstruos celestes, han sido descubiertos en el universo a distancias relativamente cercanas a la Tierra. Si hasta ahora el mayor agujero conocido tenía una masa equivalente a unos 6.300 millones de veces el Sol (en la galaxia M87).
Los dos nuevos, en el centro de dos enormes galaxias elípticas, tienen masas de 9.700 millones de soles, uno de ellos, y algo más el otro.
Esos dos objetos indican que los procesos que influyen en el crecimiento de las mayores galaxias y sus agujeros negros son distintos de los que actúan en el caso de galaxias más pequeñas, comenta la revista Nature, donde Nicholas McConnell (Universidad de California en Berkeley, EE UU) y sus colegas dan a conocer los dos nuevos agujeros. Uno de ellos está en la galaxia NGC 3842, a unos 320 millones de años luz de distancia de la Tierra, y el otro, en la NGC 4889, a 330 millones de años luz.
"Las observaciones realizadas en las últimas pocas décadas indican que todas las galaxias masivas tienen agujeros negro supermasivos en sus centros", escriben los científicos en su artículo.
Aunque las observaciones de cuásares (galaxias activas muy brillantes con agujeros negros y pertenecientes al cosmos joven) indican que los objetos de este tipo muy masivos serían perfectamente posibles, no se había encontrado hasta ahora ninguno del rango de 10.000 millones de soles. "Ahora hay menos gas disponible en el universo del que había en el pasado porque la mayor parte del mismo se ha utilizado en la formación de estrellas.
Por eso no existen cuásares en nuestro entorno cósmico", escribe Michele Cappellari (Universidad de Oxford, Reino Unido) en su comentario del descubrimiento.
Lo que McConnell y sus colegas han hecho ha sido observar galaxias grandes situadas en el centro de dos cúmulos galácticos.
Y han encontrado los agujeros negros supermasivos.
Ellos han utilizado para su búsqueda el telescopio espacial Hubble y dos grandes telescopios del rango de espejo de diez metros de diámetro en tierra: el Gemini Norte y el Keck 2 (ambos en Hawai). Los astrónomos se plantean qué mecanismos sustentan estos monstruos cósmicos.
Los agujeros negros menos masivos se alimentan atrayendo el gas de la galaxia en la que residen, pero en el caso de los mayores, como los dos ahora descubiertos, es posible que el proceso sea diferente, sugiere Cappellari.
El agujero negro puede crecer hasta su enorme masa por fusión de dos galaxias que contienen poco gas y acaban formando una galaxia esférica con el monstruo celeste en el centro.
Los datos de las observaciones realizadas por el equipo de McConnell se inclinan hacia este segundo mecanismo.
"Los estudios de agujeros negros tienen un futuro brillante con la nueva generación de telescopios de 40 metros, como el E-ELT europeo, que incrementaran significativamente el número de galaxias que pueden ser estudiadas con fiabilidad", señala al final de su comentario el especialista de la Universidad de Oxford.
Un par de agujeros negros mucho más masivos que cualquiera encontrado hasta ahora, dos auténticos monstruos celestes, han sido descubiertos en el universo a distancias relativamente cercanas a la Tierra. Si hasta ahora el mayor agujero conocido tenía una masa equivalente a unos 6.300 millones de veces el Sol (en la galaxia M87).
Los dos nuevos, en el centro de dos enormes galaxias elípticas, tienen masas de 9.700 millones de soles, uno de ellos, y algo más el otro.
Esos dos objetos indican que los procesos que influyen en el crecimiento de las mayores galaxias y sus agujeros negros son distintos de los que actúan en el caso de galaxias más pequeñas, comenta la revista Nature, donde Nicholas McConnell (Universidad de California en Berkeley, EE UU) y sus colegas dan a conocer los dos nuevos agujeros. Uno de ellos está en la galaxia NGC 3842, a unos 320 millones de años luz de distancia de la Tierra, y el otro, en la NGC 4889, a 330 millones de años luz.
"Las observaciones realizadas en las últimas pocas décadas indican que todas las galaxias masivas tienen agujeros negro supermasivos en sus centros", escriben los científicos en su artículo.
Aunque las observaciones de cuásares (galaxias activas muy brillantes con agujeros negros y pertenecientes al cosmos joven) indican que los objetos de este tipo muy masivos serían perfectamente posibles, no se había encontrado hasta ahora ninguno del rango de 10.000 millones de soles. "Ahora hay menos gas disponible en el universo del que había en el pasado porque la mayor parte del mismo se ha utilizado en la formación de estrellas.
Por eso no existen cuásares en nuestro entorno cósmico", escribe Michele Cappellari (Universidad de Oxford, Reino Unido) en su comentario del descubrimiento.
Lo que McConnell y sus colegas han hecho ha sido observar galaxias grandes situadas en el centro de dos cúmulos galácticos.
Y han encontrado los agujeros negros supermasivos.
Ellos han utilizado para su búsqueda el telescopio espacial Hubble y dos grandes telescopios del rango de espejo de diez metros de diámetro en tierra: el Gemini Norte y el Keck 2 (ambos en Hawai). Los astrónomos se plantean qué mecanismos sustentan estos monstruos cósmicos.
Los agujeros negros menos masivos se alimentan atrayendo el gas de la galaxia en la que residen, pero en el caso de los mayores, como los dos ahora descubiertos, es posible que el proceso sea diferente, sugiere Cappellari.
El agujero negro puede crecer hasta su enorme masa por fusión de dos galaxias que contienen poco gas y acaban formando una galaxia esférica con el monstruo celeste en el centro.
Los datos de las observaciones realizadas por el equipo de McConnell se inclinan hacia este segundo mecanismo.
"Los estudios de agujeros negros tienen un futuro brillante con la nueva generación de telescopios de 40 metros, como el E-ELT europeo, que incrementaran significativamente el número de galaxias que pueden ser estudiadas con fiabilidad", señala al final de su comentario el especialista de la Universidad de Oxford.
jueves, 29 de noviembre de 2012
Gigantesca tormenta sobre el polo Norte de Saturno
La sonda estadounidense Cassini ha fotografiado con gran
nitidez una descomunal tormenta formada sobre el polo Norte de Saturno,
según ha informado la NASA.
La foto, que no ha sufrido tratamiento alguno, fue tomada el pasado martes desde una distancia de 400.000 kilómetros. No es la primera vez que Cassini observa tormentas en esa región de Saturno, pero hasta ahora habían sido en longitudes de onda infrarroja porque el polo Norte se encontraba a oscuras.
De hecho, la observación había sido prácticamente imposible durante el largo invierno de Saturno, que dura 15 años. Sin embargo, con el cambio de las estaciones, el Sol comenzó hace tres años a iluminar la zona y ello ha permitido captar el polo sin problemas.
En el 2010, la NASA publicó imágenes en las que se podía apreciar el aparato eléctrico asociado a las tormentas que se producen en la atmósfera de Saturno. Fenómenos similares también se han observado en Júpiter.
La misión Cassini tiene como fin el estudio de Saturno y sus lunas. Fue lanzada en 1997 y desde el 2004 lleva orbitando el segundo mayor planeta del Sistema Solar.
Desde entonces ha suministrado impresionantes imágenes Saturno y varias de sus lunas, como Encelado, Titán y Mimas.
La sonda ha recorrido hasta ahora la friolera de 6.000 millones de kilómetros. La misión concluirá en el 2017, cuando, mediante un impacto controlado, la sonda se estrellará contra la superficie de Saturno.
La foto, que no ha sufrido tratamiento alguno, fue tomada el pasado martes desde una distancia de 400.000 kilómetros. No es la primera vez que Cassini observa tormentas en esa región de Saturno, pero hasta ahora habían sido en longitudes de onda infrarroja porque el polo Norte se encontraba a oscuras.
De hecho, la observación había sido prácticamente imposible durante el largo invierno de Saturno, que dura 15 años. Sin embargo, con el cambio de las estaciones, el Sol comenzó hace tres años a iluminar la zona y ello ha permitido captar el polo sin problemas.
En el 2010, la NASA publicó imágenes en las que se podía apreciar el aparato eléctrico asociado a las tormentas que se producen en la atmósfera de Saturno. Fenómenos similares también se han observado en Júpiter.
La misión Cassini tiene como fin el estudio de Saturno y sus lunas. Fue lanzada en 1997 y desde el 2004 lleva orbitando el segundo mayor planeta del Sistema Solar.
Desde entonces ha suministrado impresionantes imágenes Saturno y varias de sus lunas, como Encelado, Titán y Mimas.
La sonda ha recorrido hasta ahora la friolera de 6.000 millones de kilómetros. La misión concluirá en el 2017, cuando, mediante un impacto controlado, la sonda se estrellará contra la superficie de Saturno.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Detectada la explosión más grande originada por un agujero negro
El cuásar expulsa una energía dos billones de veces superior a la que emana del Sol
Un equipo de astrónomos ha descubierto un cuásar con la emisión más energética descubierta hasta el momento, al menos cinco veces más potente que las que se han observado hasta ahora.
Los cuásares son núcleos muy brillantes de galaxias que se están formando y que, según se cree, son alimentados por la expulsión de masa por parte de enormes agujeros negros.
El descubrimiento se ha realizado con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Cerro Paranal (Chile).
Muchos cuásares eyectan ingentes cantidades de material hacia sus galaxias anfitrionas, y estos chorros desempeñan un papel muy importante en la evolución galáctica, "pero hasta ahora los chorros que se habían observado no eran tan potentes como se habría previsto", subraya ESO en un comunicado. Los detalles de la investigación se han publicado en la revista científica The Astrophysical Journal.
Este nuevo estudio ha observado con mucho detalle uno de estos energéticos objetos -conocido como SDSS J1106+1939- utilizando el instrumento X-shooter, instalado en el telescopio VLT. "Pese a que los agujeros negros destacan por atraer material, muchos cuásares aceleran parte del material que los rodea y lo eyectan a grandes velocidades", prosigue la nota de ESO.
Eyección "monstruosa" "Hemos descubierto la eyección de cuásar más energética conocida hasta el momento.
La velocidad a la que es expulsada esta energía por la enorme masa de material eyectado desde SDSS J1106+1939 es, al menos, equivalente a dos millones de millones de veces la potencia que emana del Sol.
A su vez, implica que es cien veces más potente que la producción energética total de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Es una eyección verdaderamente monstruosa", afirma el investigador principal del equipo, Nahum Arav, de Virginia Tech (EEUU).
Las nuevas eyecciones descubiertas se encuentran a unos mil años luz de distancia del agujero negro supermasivo que se localiza en el corazón del cuásar SDSS J1106+1939.
El análisis muestra que el cuásar pierde al año una masa de aproximadamente 400 veces la masa del Sol, moviéndose a una velocidad de unos 8.000 kilómetros por segundo. "Sin el espectrógrafo X-shooter del VLT no podríamos haber obtenido los datos que nos han permitido hacer el descubrimiento", añade Benoit Borguet también de Virginia Tech y autor principal del nuevo artículo. "Por primera vez pudimos explorar la región que rodea al cuásar con mucho detalle", concluye.
Un equipo de astrónomos ha descubierto un cuásar con la emisión más energética descubierta hasta el momento, al menos cinco veces más potente que las que se han observado hasta ahora.
Los cuásares son núcleos muy brillantes de galaxias que se están formando y que, según se cree, son alimentados por la expulsión de masa por parte de enormes agujeros negros.
El descubrimiento se ha realizado con el telescopio VLT del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Cerro Paranal (Chile).
Muchos cuásares eyectan ingentes cantidades de material hacia sus galaxias anfitrionas, y estos chorros desempeñan un papel muy importante en la evolución galáctica, "pero hasta ahora los chorros que se habían observado no eran tan potentes como se habría previsto", subraya ESO en un comunicado. Los detalles de la investigación se han publicado en la revista científica The Astrophysical Journal.
Este nuevo estudio ha observado con mucho detalle uno de estos energéticos objetos -conocido como SDSS J1106+1939- utilizando el instrumento X-shooter, instalado en el telescopio VLT. "Pese a que los agujeros negros destacan por atraer material, muchos cuásares aceleran parte del material que los rodea y lo eyectan a grandes velocidades", prosigue la nota de ESO.
Eyección "monstruosa" "Hemos descubierto la eyección de cuásar más energética conocida hasta el momento.
La velocidad a la que es expulsada esta energía por la enorme masa de material eyectado desde SDSS J1106+1939 es, al menos, equivalente a dos millones de millones de veces la potencia que emana del Sol.
A su vez, implica que es cien veces más potente que la producción energética total de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Es una eyección verdaderamente monstruosa", afirma el investigador principal del equipo, Nahum Arav, de Virginia Tech (EEUU).
Las nuevas eyecciones descubiertas se encuentran a unos mil años luz de distancia del agujero negro supermasivo que se localiza en el corazón del cuásar SDSS J1106+1939.
El análisis muestra que el cuásar pierde al año una masa de aproximadamente 400 veces la masa del Sol, moviéndose a una velocidad de unos 8.000 kilómetros por segundo. "Sin el espectrógrafo X-shooter del VLT no podríamos haber obtenido los datos que nos han permitido hacer el descubrimiento", añade Benoit Borguet también de Virginia Tech y autor principal del nuevo artículo. "Por primera vez pudimos explorar la región que rodea al cuásar con mucho detalle", concluye.
jueves, 18 de octubre de 2012
Y la Luna salió de la Tierra
Una nueva investigación sugiere que nuestro satélite
natural está formado en exclusiva del material terrestre expulsado en un
choque planetario
Los investigadores creen que, en efecto, un protoplaneta chocó contra la Tierra primitiva
El origen de la Luna resulta intrigante, hasta el punto de que los científicos no se ponen de acuerdo de cómo sucedió exactamente.
El miércoles, investigadores estadounidenses afirmaban en la revista Nature haber encontrado las evidencias químicas necesarias para confirmar la teoría del gran choque, según la cual la Luna se formó de los residuos que salieron disparados tras el impacto contra la Tierra de Theia, un enorme cuerpo planetario del tamaño de Marte, hace unos 4.500 millones de años.
Tan solo 24 horas después, dos equipos distintos sacan sus propias conclusiones en otra revista científica de primer nivel, esta vez en Science. Y tienen algo que matizar. A partir de modelos computacionales, han deducido que, en efecto, sucedió un violentísimo choque imposible de imaginar, pero el material que formó nuestro satélite natural provino exclusivamente de nuestro mundo primitivo.
Por eso, la composición química de la Tierra y la Luna son tan coincidentes, considerándose «gemelos isotópicos».
Muchos científicos creen que la misma Tierra surgió de una serie de impactos gigantes.
Estos golpetazos provocaron que nuestro planeta se pareciera mucho a una peonza, girando mucho más rápido de lo que lo hace ahora, tanto que un día duraba solo de dos a tres horas, muy cerca de su límite de estabilidad.
El último impacto gigante, creen, fue el que dio origen a la Luna.
Según el modelo firmado por investigadores de la Universidad de Harvard y el Instituto SETI, cuando el planeta Theia y esa primera alocada Tierra impactaron, la alta velocidad del giro de esta última provocó la expulsión de una gran cantidad de material terrestre que acabó en órbita.
El material eyectado -no el de Theia- resultó suficiente para formar la Luna con una composición química similar a la de nuestro mundo. Después del impacto, el giro rápido de la Tierra fue frenado por la interacción gravitatoria entre el Sol y la Luna.
Mucho mayores que Marte Según sus autores, el nuevo modelo es más acertado, ya que, con el descubrimiento de un mecanismo para reducir el giro de la Tierra después del impacto, explica sin problemas por qué la Luna tiene una composición química similar.
El segundo modelo publicado en Science, propuesto por científicos del Instituto de Investigación del Sudoeste (SwRI) de EE.UU., es bastante similar.
También acepta un gran impacto entre la Tierra y otro protoplaneta, pero en este caso ambos cuerpos son mayores y tienen una masa de 4 a 5 veces la de Marte.
De igual forma, creen que nuestro mundo giraba más rápido, aunque solo de 2 a 2,5 veces más, y la Luna se habría formado con escombros expulsados y organizados en un disco que orbita la Tierra. La teoría de una Luna primitiva que giraba rápidamente no es nueva.
Científicos del siglo XIX ya especulaban sobre esa posibilidad. George H. Darwin, hijo de Charles Darwin, ya sugirió en 1879 que la Luna se formó por una fisión de la Tierra. Después de tanto tiempo, estas nuevas investigaciones quizás vengan a darle la razón.
Los investigadores creen que, en efecto, un protoplaneta chocó contra la Tierra primitiva
El origen de la Luna resulta intrigante, hasta el punto de que los científicos no se ponen de acuerdo de cómo sucedió exactamente.
El miércoles, investigadores estadounidenses afirmaban en la revista Nature haber encontrado las evidencias químicas necesarias para confirmar la teoría del gran choque, según la cual la Luna se formó de los residuos que salieron disparados tras el impacto contra la Tierra de Theia, un enorme cuerpo planetario del tamaño de Marte, hace unos 4.500 millones de años.
Tan solo 24 horas después, dos equipos distintos sacan sus propias conclusiones en otra revista científica de primer nivel, esta vez en Science. Y tienen algo que matizar. A partir de modelos computacionales, han deducido que, en efecto, sucedió un violentísimo choque imposible de imaginar, pero el material que formó nuestro satélite natural provino exclusivamente de nuestro mundo primitivo.
Por eso, la composición química de la Tierra y la Luna son tan coincidentes, considerándose «gemelos isotópicos».
Muchos científicos creen que la misma Tierra surgió de una serie de impactos gigantes.
Estos golpetazos provocaron que nuestro planeta se pareciera mucho a una peonza, girando mucho más rápido de lo que lo hace ahora, tanto que un día duraba solo de dos a tres horas, muy cerca de su límite de estabilidad.
El último impacto gigante, creen, fue el que dio origen a la Luna.
Según el modelo firmado por investigadores de la Universidad de Harvard y el Instituto SETI, cuando el planeta Theia y esa primera alocada Tierra impactaron, la alta velocidad del giro de esta última provocó la expulsión de una gran cantidad de material terrestre que acabó en órbita.
El material eyectado -no el de Theia- resultó suficiente para formar la Luna con una composición química similar a la de nuestro mundo. Después del impacto, el giro rápido de la Tierra fue frenado por la interacción gravitatoria entre el Sol y la Luna.
Mucho mayores que Marte Según sus autores, el nuevo modelo es más acertado, ya que, con el descubrimiento de un mecanismo para reducir el giro de la Tierra después del impacto, explica sin problemas por qué la Luna tiene una composición química similar.
El segundo modelo publicado en Science, propuesto por científicos del Instituto de Investigación del Sudoeste (SwRI) de EE.UU., es bastante similar.
También acepta un gran impacto entre la Tierra y otro protoplaneta, pero en este caso ambos cuerpos son mayores y tienen una masa de 4 a 5 veces la de Marte.
De igual forma, creen que nuestro mundo giraba más rápido, aunque solo de 2 a 2,5 veces más, y la Luna se habría formado con escombros expulsados y organizados en un disco que orbita la Tierra. La teoría de una Luna primitiva que giraba rápidamente no es nueva.
Científicos del siglo XIX ya especulaban sobre esa posibilidad. George H. Darwin, hijo de Charles Darwin, ya sugirió en 1879 que la Luna se formó por una fisión de la Tierra. Después de tanto tiempo, estas nuevas investigaciones quizás vengan a darle la razón.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Descubierta una galaxia formada 200 millones de años después del Big Bang
Los astrónomos han hecho las observaciones con los telescopios espaciales ‘Hubble’ y ‘Spitzer’
Los científicos tienen la imagen, y con buenos detalles, de cuando el universo tenía sólo unos 400.000 años: es la llamada radiación de fondo de microondas. También conocen el universo cuando había pasado unos mil millones de años desde el Big Bang, ya lleno de estrellas y galaxias. ¿Y entre medias, entre una y otra imagen? Es un período difícil de explorar porque está al límite de sensibilidad de los mejores telescopios actuales. Sin embargo, es una fase de la historia del cosmos de importancia crucial, porque en ella se forman precisamente las primeras estrellas y galaxias. Un equipo científico ha recurrido a un truco de la naturaleza, un efecto de lupa gravitatoria, para echar un vistazo a ese periodo del universo tan lejano y, por tanto, tan primitivo. Así han descubierto una galaxia tal y como era hace 13.200 millones de años y ya tenía estrellas viejas. Presentan su hallazgo en la revista Nature.
La edad del universo es de unos 13.700 millones, así que cuando esa galaxia emitió los fotones de luz que ahora llegan a los telescopios, el cosmos no tenía más que 500 millones de años, menos del 4% de su edad actual.
Lo interesante de esta investigación, liderada por Wei Zheng (Universidad John Hopkins, EE UU) y con participación de astrónomos españoles, no reside solo en el hallazgo de esa galaxia MACS1149-JD lejanísima. “La mayor parte de los objetos de este tipo que se conocen son extremadamente débiles y no se puede decir mucho de ellos más allá de que existen”, señala Narciso Benítez (Instituto de Astrofísica de Andalucía, CSIC).
Y aquí juega su papel determinante el truco de la lupa natural, el efecto de lente gravitatoria por el cual resulta curvada y magnificada la luz de un objeto celeste cuando pasa junto a una masa considerable en su trayectoria hacia la Tierra.
En este caso la masa es un cúmulo de galaxias (MACS1149+2223) y el efecto de amplificación de MACS1149-JD es de 15 veces. Esto permite a los astrónomos ver detalles de aquella galaxia primitiva cuya luz, en condiciones normales, llega demasiado débil.
Zheng y sus colegas han estado precisamente haciendo una búsqueda sistemática -con la cámara infrarroja del telescopio espacial Hubble- de galaxias muy lejanas amplificadas por el efecto de lente gravitatoria y así han podido observar la MACS1149-JD, explica es especialista Daniel Stark en su comentario publicado en Nature.
Luego, con el telescopio Spitzer, de infrarrojo, han empezado a estudiar las características del conjunto estelar. Resulta que esa galaxia que se ve ahora tal y como era cuando el universo había cumplido 500 millones de años, ya tenía estrellas viejas, por lo que los astrónomos calculan que se formaría sólo 200 millones de años después del Big Bang.
Los astrónomos calculan las distancias de los objetos lejanos en el universo por el llamado corrimiento al rojo (z) de su luz, cuyo valor en el caso de MACS1149-JD es 9.6.
Los científicos tienen la imagen, y con buenos detalles, de cuando el universo tenía sólo unos 400.000 años: es la llamada radiación de fondo de microondas. También conocen el universo cuando había pasado unos mil millones de años desde el Big Bang, ya lleno de estrellas y galaxias. ¿Y entre medias, entre una y otra imagen? Es un período difícil de explorar porque está al límite de sensibilidad de los mejores telescopios actuales. Sin embargo, es una fase de la historia del cosmos de importancia crucial, porque en ella se forman precisamente las primeras estrellas y galaxias. Un equipo científico ha recurrido a un truco de la naturaleza, un efecto de lupa gravitatoria, para echar un vistazo a ese periodo del universo tan lejano y, por tanto, tan primitivo. Así han descubierto una galaxia tal y como era hace 13.200 millones de años y ya tenía estrellas viejas. Presentan su hallazgo en la revista Nature.
La edad del universo es de unos 13.700 millones, así que cuando esa galaxia emitió los fotones de luz que ahora llegan a los telescopios, el cosmos no tenía más que 500 millones de años, menos del 4% de su edad actual.
Lo interesante de esta investigación, liderada por Wei Zheng (Universidad John Hopkins, EE UU) y con participación de astrónomos españoles, no reside solo en el hallazgo de esa galaxia MACS1149-JD lejanísima. “La mayor parte de los objetos de este tipo que se conocen son extremadamente débiles y no se puede decir mucho de ellos más allá de que existen”, señala Narciso Benítez (Instituto de Astrofísica de Andalucía, CSIC).
Y aquí juega su papel determinante el truco de la lupa natural, el efecto de lente gravitatoria por el cual resulta curvada y magnificada la luz de un objeto celeste cuando pasa junto a una masa considerable en su trayectoria hacia la Tierra.
En este caso la masa es un cúmulo de galaxias (MACS1149+2223) y el efecto de amplificación de MACS1149-JD es de 15 veces. Esto permite a los astrónomos ver detalles de aquella galaxia primitiva cuya luz, en condiciones normales, llega demasiado débil.
Zheng y sus colegas han estado precisamente haciendo una búsqueda sistemática -con la cámara infrarroja del telescopio espacial Hubble- de galaxias muy lejanas amplificadas por el efecto de lente gravitatoria y así han podido observar la MACS1149-JD, explica es especialista Daniel Stark en su comentario publicado en Nature.
Luego, con el telescopio Spitzer, de infrarrojo, han empezado a estudiar las características del conjunto estelar. Resulta que esa galaxia que se ve ahora tal y como era cuando el universo había cumplido 500 millones de años, ya tenía estrellas viejas, por lo que los astrónomos calculan que se formaría sólo 200 millones de años después del Big Bang.
Los astrónomos calculan las distancias de los objetos lejanos en el universo por el llamado corrimiento al rojo (z) de su luz, cuyo valor en el caso de MACS1149-JD es 9.6.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Descubiertos dos planetas que giran alrededor de dos soles
La misión Kepler de la NASA ha identificado ya alrededor
de 2.165 binarias eclipsantes, entre las más de 160.000 estrellas que
observa
La misión Kepler de la NASA ha descubierto dos nuevos planetas orbitando sistemas de doble estrella a los que han bautizado como Kepler-34b y Kepler-35b.
Los planetas fueron descubiertos al medir la disminución de la luz de las estrellas cuando éstos transitaban por delante de ellas.
La existencia de estos sistemas, llamados planetas circumbinarios, había sido predicha hace tiempo, se trataba tan sólo de una teoría hasta que el equipo descubrió el planeta Kepler-16b, en septiembre de 2011.
Kepler-16b es conocido por el nombre de Tatooine a causa de su semejanza con el mundo de dos soles de la película Star Wars.
Así, el profesor de la Universidad de Florida, Eric B. Ford, ha señalado que "se ha creído durante mucho tiempo que este tipo de planetas existía, pero han sido muy difíciles de detectar por varias razones técnicas".
Sin embargo, "ahora, con los descubrimientos de Kepler-16b, 34b y 35b, la misión Kepler ha demostrado que la galaxia está llena de millones de planetas que orbitan dos estrellas", ha apuntado.
El estudio, publicado en Nature, señala que los dos planetas son gigantes de gas de baja intensidad,
La misión Kepler de la NASA ha descubierto dos nuevos planetas orbitando sistemas de doble estrella a los que han bautizado como Kepler-34b y Kepler-35b.
Los planetas fueron descubiertos al medir la disminución de la luz de las estrellas cuando éstos transitaban por delante de ellas.
La existencia de estos sistemas, llamados planetas circumbinarios, había sido predicha hace tiempo, se trataba tan sólo de una teoría hasta que el equipo descubrió el planeta Kepler-16b, en septiembre de 2011.
Kepler-16b es conocido por el nombre de Tatooine a causa de su semejanza con el mundo de dos soles de la película Star Wars.
Así, el profesor de la Universidad de Florida, Eric B. Ford, ha señalado que "se ha creído durante mucho tiempo que este tipo de planetas existía, pero han sido muy difíciles de detectar por varias razones técnicas".
Sin embargo, "ahora, con los descubrimientos de Kepler-16b, 34b y 35b, la misión Kepler ha demostrado que la galaxia está llena de millones de planetas que orbitan dos estrellas", ha apuntado.
El estudio, publicado en Nature, señala que los dos planetas son gigantes de gas de baja intensidad,
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