El comité científico de la ESA da el visto bueno al programa LISA, aunque no se hará realidad hasta el 2034
El comité científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), reunido en Madrid, ha dado su visto bueno a la misión LISA, un ambicioso programa de observación formado por tres satélites dedicados al estudio de las ondas gravitacionales. Los satélites, que partirían en el año 2034, formarán en el espacio un triángulo con cuyos lados medirán 2,5 millones de kilómetros.
"LISA [siglas en inglés de Laser Interferometer Space Antenna] permitirá observar el universo con un nuevo instrumento astronómico", ha declarado el español Álvaro Giménez, director de ciencia y exploración robótica de la ESA.
La misión podrá hacerse realidad después de que su precursora, llamada LISA Pathfinder, con destacada participación española, que partió al espacio el año pasado, haya sido un éxito, según la ESA. Lisa Pathfinder ha demostrado que tecnológicamente se pueden estudiar ondas gravitacionales desde el espacio.
ESTUDIOS TECNOLÓGICOS
"También hay que hacer estudios tecnológicos para preparar esta misión espectacular, que es un verdadero reto", ha comentado Giménez. "En pocos años habremos comprobado que todo es factible en el plan tecnológico y que tenemos los fondos necesarios –ha añadido-. Si ese es el caso, la misión será definitivamente aprobada”.
Predichas por la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, hace más de 100 años, las ondas gravitacionales son el resultado de ligeras perturbaciones del tejido del espacio-tiempo. La distorsión puede suponer una milmillonésima de metro, por lo que para medirla con precisión son necesarias unas grandes distancias.
La primera detección directa de ondas gravitacionales, anunciada el 11 de febrero de 2016, se realizó con el interferómetro terrestre Ligo, reciente ganador del Premio Princesa de Asturias de Investigación. Luego se detectaron en dos ocasiones posteriores.
Este blog pretende recopilar las noticias más representativas de los avances de la física de estos últimos años, antes de que desaparezcan de la web.
domingo, 25 de junio de 2017
martes, 20 de junio de 2017
La NASA descubre 10 planetas con condiciones de ser habitables
Tienen el tamaño de la Tierra y hay indicios de que puedan tener agua
La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) informó hoy que su telescopio Kepler ha descubierto 219 posibles planetas, de los cuales 10 tienen el tamaño de la Tierra y orbitan a una distancia de una estrella que permitiría la existencia de agua si se tratara de un cuerpo rocoso.
Por medio de un comunicado de prensa, la NASA detalló este nuevo hallazgo en la investigación de los exoplanetas, que son aquellos planetas que se encuentran fuera del sistema solar.
El catálogo de exoplanetas de la NASA localizados por el telescopio Kepler asciende a 4.034 posibles candidatos, de los cuales 2.335 han sido ya identificados como exoplanetas.
De los aproximadamente 50 cuerpos detectados por Kepler con condiciones de ser habitables por su tamaño y potencial presencia de agua en estado líquido, más de 30 han sido identificados como tales.
"El conjunto de datos del Kepler es singular, ya que es el único que contiene un censo de estos 'casi análogos de la Tierra': planetas con aproximadamente el mismo tamaño y la misma órbita que la Tierra", ha asegurado el científico del programa Kepler en la División de Astrofísica de la NASA Mario Pérez.
CUATRO AÑOS DE MISIÓN
"Entender su frecuencia en la galaxia ayudará a orientar el diseño de las futuras misiones de la NASA para imaginar otra Tierra", añadió.
El telescopio Kepler rastrea el espacio en busca de nuevos planetas captando la diminuta caída en el brillo de una estrella que sucede cuando un planeta se cruza en su camino.
Se trata de la octava difusión de datos del Kepler en sus primeros cuatro años de misión.
"Este catálogo cuidadosamente medido es la base para responder directamente una de las preguntas más cautivadoras en la astronomía: ¿cuántos planetas como la Tierra hay en la galaxia?'", señaló la investigadora del Kepler en Instituto SETI Susan Thompson.
Los hallazgos del Kepler han permitido avanzar en numerosos estudios como el que clasificó los planetas pequeños en dos grupos por sus características: los rocosos, al estilo de la Tierra; y los gaseosos, con un tamaño algo menor al de Neptuno.
La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) informó hoy que su telescopio Kepler ha descubierto 219 posibles planetas, de los cuales 10 tienen el tamaño de la Tierra y orbitan a una distancia de una estrella que permitiría la existencia de agua si se tratara de un cuerpo rocoso.
Por medio de un comunicado de prensa, la NASA detalló este nuevo hallazgo en la investigación de los exoplanetas, que son aquellos planetas que se encuentran fuera del sistema solar.
El catálogo de exoplanetas de la NASA localizados por el telescopio Kepler asciende a 4.034 posibles candidatos, de los cuales 2.335 han sido ya identificados como exoplanetas.
De los aproximadamente 50 cuerpos detectados por Kepler con condiciones de ser habitables por su tamaño y potencial presencia de agua en estado líquido, más de 30 han sido identificados como tales.
"El conjunto de datos del Kepler es singular, ya que es el único que contiene un censo de estos 'casi análogos de la Tierra': planetas con aproximadamente el mismo tamaño y la misma órbita que la Tierra", ha asegurado el científico del programa Kepler en la División de Astrofísica de la NASA Mario Pérez.
CUATRO AÑOS DE MISIÓN
"Entender su frecuencia en la galaxia ayudará a orientar el diseño de las futuras misiones de la NASA para imaginar otra Tierra", añadió.
El telescopio Kepler rastrea el espacio en busca de nuevos planetas captando la diminuta caída en el brillo de una estrella que sucede cuando un planeta se cruza en su camino.
Se trata de la octava difusión de datos del Kepler en sus primeros cuatro años de misión.
"Este catálogo cuidadosamente medido es la base para responder directamente una de las preguntas más cautivadoras en la astronomía: ¿cuántos planetas como la Tierra hay en la galaxia?'", señaló la investigadora del Kepler en Instituto SETI Susan Thompson.
Los hallazgos del Kepler han permitido avanzar en numerosos estudios como el que clasificó los planetas pequeños en dos grupos por sus características: los rocosos, al estilo de la Tierra; y los gaseosos, con un tamaño algo menor al de Neptuno.
viernes, 9 de junio de 2017
Una estrella pasó por el Sistema Solar hace 70.000 años
Un grupo de astrónomos ha determinado que una estrella tenue recientemente descubierta pasó probablemente hace 70.000 años por la distante nube de cometas del sistema solar, la Nube de Oort. Que se sepa, ninguna otra estrella se ha acercado tanto a nuestro sistema solar, cinco veces más cerca que la actual estrella más cercana, Próxima Centauri.
En un artículo publicado en Astrophysical Journal Letters, el autor principal Eric Mamajek de la Universidad de Rochester y sus colaboradores analizaron la velocidad y la trayectoria de un sistema de baja masa apodado ‘estrella de Scholz’. La trayectoria de la estrella sugiere que hace 70.000 años pasó aproximadamente a 52.000 unidades astronómicas de distancia (o unos 0,8 años luz, lo que equivale a 8 billones de kilómetros. Esto es astronómicamente cercano; nuestra estrella vecina más cercana Próxima Centauri está a 4,2 años luz de distancia. A través de la nube de Oort De hecho, los astrónomos explican en el estudio que están seguros al 98% de que el tránsito se produjo a través de lo que se conoce como el exterior Nube de Oort, una región en el borde del sistema solar lleno de miles de millones de cometas, de donde se cree surgen los cometas que orbitan el Sol después de que sus órbitas se perturban. La estrella originalmente llamó la atención de Mamajek durante una discusión con el coautor Valentin D. Ivanov, del Observatorio Europeo Austral. La estrella de Scholz tenía una inusual mezcla de características: a pesar de estar bastante cerca (20 años luz de distancia), presentaba un lento movimiento tangencial, es decir, el movimiento a través del cielo. Las mediciones de velocidad radial tomadas por Ivanov y sus colaboradores, sin embargo, mostraron que la estrella se mueve casi directamente fuera del sistema solar a una velocidad considerable. «La mayoría de las estrellas cercanas muestran un movimiento tangencial mucho más grande», dice Mamajek, profesor asociado de Física y Astronomía en la Universidad de Rochester. «El pequeño movimiento tangencial y la proximidad inicial indicaron que la estrella era más probable que se moviera hacia un futuro encuentro cercano con el sistema solar, o ya lo había hecho y se alejaba». Efectivamente, las mediciones de la velocidad radial fueron consistentes con que se alejaba de los alrededores del Sol y revelaron que debió haber tenido un sobrevuelo cercano en el pasado.
Para calcular su trayectoria, los astrónomos necesitaban dos piezas de datos, la velocidad tangencial y la velocidad radial. Ivanov y colaboradores habían caracterizado la estrella recién descubierta a través de la medición de su espectro y la velocidad radial a través del desplazamiento Doppler. Estas mediciones se realizaron utilizando espectrógrafos de grandes telescopios, tanto en Sudáfrica como Chile: el Gran Telescopio del África Meridional (SAL) y el telescopio Magallanes en el Observatorio Las Campanas, respectivamente. Una vez que los investigadores montaron toda la información se dieron cuenta de que la estrella de Scholz se estaba alejando de nuestro sistema solar y que llegó a su punto de máximo acercamiento al Sol hace 70.000 años. Hasta ahora, el principal candidato para el sobrevuelo más cercano conocido de una estrella en el sistema solar era la llamada ‘estrella canalla’ HIP 85605, que se prevé que se acerque a nuestro sistema solar entre 240.000 a 470.000 años. Sin embargo, Mamajek y sus colaboradores han demostrado también que la distancia original a 85.605 HIP fue probablemente subestimada por un factor de diez. En su más probable distancia —a unos 200 años luz— la trayectoria recién calculada de esta estrella no la traería dentro de la Nube de Oort. Aunque el sobrevuelo cercano de la estrella de Scholz probablemente tuvo poco impacto en la Nube de Oort, Mamajek señala que «otros perturbadores de la Nube de Oort dinámicamente importantes pueden estar al acecho entre las estrellas cercanas». Se espera que el satélite de la Agencia Espacial Europea, Gaia, lanzado recientemente para trazar las distancias y medir las velocidades de mil millones de estrellas, revele qué otras estrellas pueden haber tenido un encuentro cercano con nosotros en el pasado o lo harán en un futuro lejano. Pudo verse a simple vista Actualmente, la estrella de Scholz es una pequeña enana roja, oscura en la constelación de Monoceros, a unos 20 años luz de distancia. Sin embargo, en el punto más cercano en su paso por el sistema solar, la estrella de Scholz habría sido una estrella de magnitud 10, cerca de 50 veces más débil de lo que normalmente se puede ver a simple vista en la noche. Sin embargo, es activa magnéticamente y puede registrar estallidos que la hagan brevemente miles de veces más brillante. Así que es posible que la estrella de Scholz pudo haber sido visible a simple vista por nuestros antepasados hace 70.000 años minutos u horas durante esos eventos. La estrella es parte de un sistema binario: una estrella de baja masa roja enana (con una masa alrededor del 8% de la del Sol) y un compañera ‘enana marrón’ (con una masa alrededor del 6% de la del Sol). Las enanas marrones son consideradas ‘estrellas fallidas’; sus masas son demasiado bajas para fusionar hidrógeno en sus núcleos como una ‘estrella’, pero son mucho más masivas que los planetas gigantes gaseosos como Júpiter. La designación formal de la estrella es ‘J072003.20-084651.2 WISE’, aunque, para alivio de nuestra capacidad de memoria, ha sido apodada simplemente como ‘la estrella de Scholz’ en honor a su descubridor —el astrónomo Ralf-Dieter Scholz del Leibniz-Institut für Astrophysik Potsdam (AIP) en Alemania— a finales de 2013.
En un artículo publicado en Astrophysical Journal Letters, el autor principal Eric Mamajek de la Universidad de Rochester y sus colaboradores analizaron la velocidad y la trayectoria de un sistema de baja masa apodado ‘estrella de Scholz’. La trayectoria de la estrella sugiere que hace 70.000 años pasó aproximadamente a 52.000 unidades astronómicas de distancia (o unos 0,8 años luz, lo que equivale a 8 billones de kilómetros. Esto es astronómicamente cercano; nuestra estrella vecina más cercana Próxima Centauri está a 4,2 años luz de distancia. A través de la nube de Oort De hecho, los astrónomos explican en el estudio que están seguros al 98% de que el tránsito se produjo a través de lo que se conoce como el exterior Nube de Oort, una región en el borde del sistema solar lleno de miles de millones de cometas, de donde se cree surgen los cometas que orbitan el Sol después de que sus órbitas se perturban. La estrella originalmente llamó la atención de Mamajek durante una discusión con el coautor Valentin D. Ivanov, del Observatorio Europeo Austral. La estrella de Scholz tenía una inusual mezcla de características: a pesar de estar bastante cerca (20 años luz de distancia), presentaba un lento movimiento tangencial, es decir, el movimiento a través del cielo. Las mediciones de velocidad radial tomadas por Ivanov y sus colaboradores, sin embargo, mostraron que la estrella se mueve casi directamente fuera del sistema solar a una velocidad considerable. «La mayoría de las estrellas cercanas muestran un movimiento tangencial mucho más grande», dice Mamajek, profesor asociado de Física y Astronomía en la Universidad de Rochester. «El pequeño movimiento tangencial y la proximidad inicial indicaron que la estrella era más probable que se moviera hacia un futuro encuentro cercano con el sistema solar, o ya lo había hecho y se alejaba». Efectivamente, las mediciones de la velocidad radial fueron consistentes con que se alejaba de los alrededores del Sol y revelaron que debió haber tenido un sobrevuelo cercano en el pasado.
Para calcular su trayectoria, los astrónomos necesitaban dos piezas de datos, la velocidad tangencial y la velocidad radial. Ivanov y colaboradores habían caracterizado la estrella recién descubierta a través de la medición de su espectro y la velocidad radial a través del desplazamiento Doppler. Estas mediciones se realizaron utilizando espectrógrafos de grandes telescopios, tanto en Sudáfrica como Chile: el Gran Telescopio del África Meridional (SAL) y el telescopio Magallanes en el Observatorio Las Campanas, respectivamente. Una vez que los investigadores montaron toda la información se dieron cuenta de que la estrella de Scholz se estaba alejando de nuestro sistema solar y que llegó a su punto de máximo acercamiento al Sol hace 70.000 años. Hasta ahora, el principal candidato para el sobrevuelo más cercano conocido de una estrella en el sistema solar era la llamada ‘estrella canalla’ HIP 85605, que se prevé que se acerque a nuestro sistema solar entre 240.000 a 470.000 años. Sin embargo, Mamajek y sus colaboradores han demostrado también que la distancia original a 85.605 HIP fue probablemente subestimada por un factor de diez. En su más probable distancia —a unos 200 años luz— la trayectoria recién calculada de esta estrella no la traería dentro de la Nube de Oort. Aunque el sobrevuelo cercano de la estrella de Scholz probablemente tuvo poco impacto en la Nube de Oort, Mamajek señala que «otros perturbadores de la Nube de Oort dinámicamente importantes pueden estar al acecho entre las estrellas cercanas». Se espera que el satélite de la Agencia Espacial Europea, Gaia, lanzado recientemente para trazar las distancias y medir las velocidades de mil millones de estrellas, revele qué otras estrellas pueden haber tenido un encuentro cercano con nosotros en el pasado o lo harán en un futuro lejano. Pudo verse a simple vista Actualmente, la estrella de Scholz es una pequeña enana roja, oscura en la constelación de Monoceros, a unos 20 años luz de distancia. Sin embargo, en el punto más cercano en su paso por el sistema solar, la estrella de Scholz habría sido una estrella de magnitud 10, cerca de 50 veces más débil de lo que normalmente se puede ver a simple vista en la noche. Sin embargo, es activa magnéticamente y puede registrar estallidos que la hagan brevemente miles de veces más brillante. Así que es posible que la estrella de Scholz pudo haber sido visible a simple vista por nuestros antepasados hace 70.000 años minutos u horas durante esos eventos. La estrella es parte de un sistema binario: una estrella de baja masa roja enana (con una masa alrededor del 8% de la del Sol) y un compañera ‘enana marrón’ (con una masa alrededor del 6% de la del Sol). Las enanas marrones son consideradas ‘estrellas fallidas’; sus masas son demasiado bajas para fusionar hidrógeno en sus núcleos como una ‘estrella’, pero son mucho más masivas que los planetas gigantes gaseosos como Júpiter. La designación formal de la estrella es ‘J072003.20-084651.2 WISE’, aunque, para alivio de nuestra capacidad de memoria, ha sido apodada simplemente como ‘la estrella de Scholz’ en honor a su descubridor —el astrónomo Ralf-Dieter Scholz del Leibniz-Institut für Astrophysik Potsdam (AIP) en Alemania— a finales de 2013.
Descubren una enana marrón cerca del Sistema Solar
Una enana marrón ha sido descubierta a 98 años luz de distancia del Sol. El descubrimiento fue realizado a través de un sitio web en el que cualquier persona puede ayudar a encontrar objetos más allá de la órbita de Neptuno, analizando imágenes de campo amplio tomadas por el Telescopio Espacial WISE de la NASA.
Fueron cuatro usuarios que, de forma independiente, alertaron sobre la presencia de un objeto en movimiento en varias imágenes captadas por WISE. La existencia del objeto ya ha sido confirmada por el Telescopio Infrarrojo de la NASA en Hawái y ha sido identificada como una enana marrón.
El sitio web, llamado ‘Backyard Worlds: Planet 9’, fue inaugurado el 15 de febrero de 2017. El objetivo del sitio web es la búsqueda de objetos más allá de la órbita de Neptuno, como por ejemplo las enanas marrones o el posible noveno planeta del Sistema Solar. Actualmente el sitio web cuenta con casi 40.000 voluntarios.
Sitio web: https://www.zooniverse.org/projects/marckuchner/backyard-worlds-planet-9
Bob Fletcher, un profesor de ciencias en Tasmania, fue el primero en detectar a la enana marrón, al observar un objeto muy tenue en varias imágenes del telescopio WISE. Posteriormente, el mismo objeto fue reportado por otros tres voluntarios, ubicados en Rusia, Serbia y Estados Unidos.
Las enanas marrones son objetos considerados como “estrellas fallidas” y se encuentran distribuidas a lo largo de la Vía Láctea. Una enana marrón no tiene la masa suficiente para sostener la fusión nuclear, pero es lo suficientemente caliente para brillar en luz infrarroja.
Fueron cuatro usuarios que, de forma independiente, alertaron sobre la presencia de un objeto en movimiento en varias imágenes captadas por WISE. La existencia del objeto ya ha sido confirmada por el Telescopio Infrarrojo de la NASA en Hawái y ha sido identificada como una enana marrón.
El sitio web, llamado ‘Backyard Worlds: Planet 9’, fue inaugurado el 15 de febrero de 2017. El objetivo del sitio web es la búsqueda de objetos más allá de la órbita de Neptuno, como por ejemplo las enanas marrones o el posible noveno planeta del Sistema Solar. Actualmente el sitio web cuenta con casi 40.000 voluntarios.
Sitio web: https://www.zooniverse.org/projects/marckuchner/backyard-worlds-planet-9
Bob Fletcher, un profesor de ciencias en Tasmania, fue el primero en detectar a la enana marrón, al observar un objeto muy tenue en varias imágenes del telescopio WISE. Posteriormente, el mismo objeto fue reportado por otros tres voluntarios, ubicados en Rusia, Serbia y Estados Unidos.
Las enanas marrones son objetos considerados como “estrellas fallidas” y se encuentran distribuidas a lo largo de la Vía Láctea. Una enana marrón no tiene la masa suficiente para sostener la fusión nuclear, pero es lo suficientemente caliente para brillar en luz infrarroja.
lunes, 22 de mayo de 2017
La misteriosa estrella Tabby se oscurece a un ritmo sin precedentes
La estrella más misteriosa del Universo', también llamada KIC 8462852 o estrella de Tabby (el nombre de su descubridora) muestra una vez más un misterioso patrón de oscurecimiento (pierde brillo a un ritmo sin precedentes), que se ha tratado de explicar con hipótesis que van de enjambres de cometas a megastructuras extraterrestres.
El 19 de mayo, una llamada urgente se dirigió a científicos de todo el mundo para enfocar tantos telescopios como fuera posible hacia la estrella, para tratar de romper el misterio de su comportamiento.
El Observatorio de Fairborn en Arizona había confirmado que "la estrella era un 3% más tenue de lo que normalmente es", declaró Jason Wright, profesor asociado de astronomía en la Universidad Estatal de Pensilvania, que dirigie un estudio de la estrella. "Eso es suficiente para que tengamos la certeza absoluta de que esto no es una suerte estadística, creo que ahora lo hemos confirmado en varios observatorios". CICLO IRREGULAR La estrella KIC 8462852 ha demostrado un ciclo irregular de gradación creciente y luego regresa a su anterior brillo.
Estos cambios se detectaron por primera vez en septiembre del 2015 -por Tabetha Boyajian, de la Universidad de Yale- utilizando el telescopio espacial Kepler de la NASA, que fue construido para observar este tipo de inmersiones en el brillo de una estrella, porque pueden ser causados por un planeta moviéndose frente a la estrella vista desde la Tierra.
Pero los cambios de luminosidad no muestran el tipo de regularidad que es típico de la órbita de un planeta alrededor de su estrella, y los científicos no pueden ver cómo los cambios podrían ser explicados por un sistema de planetas.
ESTRUCTURA EXTRATERRESTRE
Los científicos han planteado la hipótesis de que los cambios podrían ser debido a un enjambre de cometas pasando delante de la estrella, que son el resultado de una fuerte actividad magnética, o que es una estructura masiva construida por extraterrestres.
Pero ninguna hipótesis principal ha surgido, por lo que los científicos han estado ansiosos por capturar una imagen muy detallada de la luz que viene de la estrella durante uno de estos períodos de oscurecimiento. Esta visión detallada es lo que los científicos llaman típicamente espectros de objetos. Puede revelar, por ejemplo, los elementos químicos específicos que están en un gas.
También puede decir a los científicos si un objeto se está moviendo hacia o lejos del observador. "Lo que esté causando que la estrella se vuelva más tenue dejará una huella digital espectral detrás", dijo Wright durante una transmisión por internet del evento, citada por Space.com, que tuvo lugar en el laboratorio Breakthrough Listen de la Universidad de California en Berkeley. "Así que si hay mucho polvo entre nosotros y la estrella bloqueará más luz azul que luz roja. Si hay gas en ese polvo, ese gas debe absorber longitudes de onda muy específicas y deberíamos ser capaces de ver eso. Así que hemos estado ansiosos por ver uno de estos cambios en una de estas inmersiones de la estrella para poder tomar algunos espectros".
Pero los científicos no podían predecir cuándo ocurriría el siguiente evento de atenuación o cuánto tiempo durará. El detectado por Kepler duró entre dos y siete días, según Wright.
Los telescopios de grado profesional suelen programar el tiempo de observación semanas o meses de antelación, por lo que Wright y sus colegas sabían que sus observaciones tendrían que venir a instancias de colegas que ya estaban usando los telescopios para otros proyectos.
RED DE OBSERVADORES PLANETARIA
"Necesitamos tener una red de personas alrededor del mundo que estén listos para observar", dijo Wright. "Afortunadamente, la estrella no es demasiado débil y por eso hay muchos observadores y telescopios que han aceptado dedicar algo de su tiempo para captar un espectro para nosotros".
Los telescopios más grandes y más poderosos que prestarán atención a la llamada son los gemelos de 10 metros en el W.H. Observatorio de Keck en Hawái.
El equipo está trabajando para ganar tiempo de observación en al menos otros tres grandes telescopios en los Estados Unidos, según Wright.
La iniciativa Breakthrough Listen, que busca signos de vida inteligente en el universo, también se ha interesado por la estrella y lo observará con el telescopio Automated Planet Finder del Lick Observatory en California. Pero los cambios de luminosidad no muestran el tipo de regularidad que es típico de la órbita de un planeta alrededor de su estrella, y los científicos no pueden ver cómo los cambios podrían ser explicados por un siste
El 19 de mayo, una llamada urgente se dirigió a científicos de todo el mundo para enfocar tantos telescopios como fuera posible hacia la estrella, para tratar de romper el misterio de su comportamiento.
El Observatorio de Fairborn en Arizona había confirmado que "la estrella era un 3% más tenue de lo que normalmente es", declaró Jason Wright, profesor asociado de astronomía en la Universidad Estatal de Pensilvania, que dirigie un estudio de la estrella. "Eso es suficiente para que tengamos la certeza absoluta de que esto no es una suerte estadística, creo que ahora lo hemos confirmado en varios observatorios". CICLO IRREGULAR La estrella KIC 8462852 ha demostrado un ciclo irregular de gradación creciente y luego regresa a su anterior brillo.
Estos cambios se detectaron por primera vez en septiembre del 2015 -por Tabetha Boyajian, de la Universidad de Yale- utilizando el telescopio espacial Kepler de la NASA, que fue construido para observar este tipo de inmersiones en el brillo de una estrella, porque pueden ser causados por un planeta moviéndose frente a la estrella vista desde la Tierra.
Pero los cambios de luminosidad no muestran el tipo de regularidad que es típico de la órbita de un planeta alrededor de su estrella, y los científicos no pueden ver cómo los cambios podrían ser explicados por un sistema de planetas.
ESTRUCTURA EXTRATERRESTRE
Los científicos han planteado la hipótesis de que los cambios podrían ser debido a un enjambre de cometas pasando delante de la estrella, que son el resultado de una fuerte actividad magnética, o que es una estructura masiva construida por extraterrestres.
Pero ninguna hipótesis principal ha surgido, por lo que los científicos han estado ansiosos por capturar una imagen muy detallada de la luz que viene de la estrella durante uno de estos períodos de oscurecimiento. Esta visión detallada es lo que los científicos llaman típicamente espectros de objetos. Puede revelar, por ejemplo, los elementos químicos específicos que están en un gas.
También puede decir a los científicos si un objeto se está moviendo hacia o lejos del observador. "Lo que esté causando que la estrella se vuelva más tenue dejará una huella digital espectral detrás", dijo Wright durante una transmisión por internet del evento, citada por Space.com, que tuvo lugar en el laboratorio Breakthrough Listen de la Universidad de California en Berkeley. "Así que si hay mucho polvo entre nosotros y la estrella bloqueará más luz azul que luz roja. Si hay gas en ese polvo, ese gas debe absorber longitudes de onda muy específicas y deberíamos ser capaces de ver eso. Así que hemos estado ansiosos por ver uno de estos cambios en una de estas inmersiones de la estrella para poder tomar algunos espectros".
Pero los científicos no podían predecir cuándo ocurriría el siguiente evento de atenuación o cuánto tiempo durará. El detectado por Kepler duró entre dos y siete días, según Wright.
Los telescopios de grado profesional suelen programar el tiempo de observación semanas o meses de antelación, por lo que Wright y sus colegas sabían que sus observaciones tendrían que venir a instancias de colegas que ya estaban usando los telescopios para otros proyectos.
RED DE OBSERVADORES PLANETARIA
"Necesitamos tener una red de personas alrededor del mundo que estén listos para observar", dijo Wright. "Afortunadamente, la estrella no es demasiado débil y por eso hay muchos observadores y telescopios que han aceptado dedicar algo de su tiempo para captar un espectro para nosotros".
Los telescopios más grandes y más poderosos que prestarán atención a la llamada son los gemelos de 10 metros en el W.H. Observatorio de Keck en Hawái.
El equipo está trabajando para ganar tiempo de observación en al menos otros tres grandes telescopios en los Estados Unidos, según Wright.
La iniciativa Breakthrough Listen, que busca signos de vida inteligente en el universo, también se ha interesado por la estrella y lo observará con el telescopio Automated Planet Finder del Lick Observatory en California. Pero los cambios de luminosidad no muestran el tipo de regularidad que es típico de la órbita de un planeta alrededor de su estrella, y los científicos no pueden ver cómo los cambios podrían ser explicados por un siste
jueves, 11 de mayo de 2017
Solucionado el enigma de las ‘lágrimas holandesas’, 400 años después
Los científicos han descubierto por qué las 'gotas del Príncipe Rupert' son extremadamente fuertes en su cabeza pero muy frágiles en su cola
En el siglo XVII, el príncipe Rupert de Alemania regaló unas curiosas gotas de cristal al rey Carlos II de Inglaterra, que quedó intrigado por sus características inusuales: la cabeza de la gota es tan fuerte que puede soportar el impacto de un martillo, pero su cola es tan frágil que doblarla con los dedos hace que toda la estructura se desintegre instantáneamente en un polvo fino. Esas gotas —también llamadas lágrimas holandesas o esferas de Rupert— se hacen dejando caer manchas rojas de vidrio fundido en agua.
Los científicos han intentado, durante cuatro siglos, entender las propiedades de esas estructuras, pero solo ahora la tecnología ha permitido arrojar luz, literalmente, sobre el problema. Srinivasan Chandrasekar, de la Universidad de Purdue (Indiana, EE UU) y Munawar Chaudhri, de la Universidad de Cambridge, utilizaron un polariscopio de transmisión —un tipo de microscopio que mide la doble refracción en un objeto transparente axisimétrico, como las lágrimas holandesas— para medir la tensión en el interior de las gotas. En el experimento, los investigadores suspendieron la esfera en un líquido claro y la iluminaron con un LED rojo. Usando el polariscopio, midieron el retardo óptico de la luz a medida que viajaban a través de la estructura de vidrio, y luego utilizaron los datos para analizar la distribución del estrés a lo largo de toda la gota.
Los resultados, publicados en la revista Applied Physics Letters, mostraron que las cabezas de las gotas tienen una tensión de compresión de superficie mucho más alta de lo que se pensaba: 700 megapascales, casi 7.000 veces la presión atmosférica. Esa capa de compresión superficial es también delgada, aproximadamente el 10% del diámetro de la cabeza del objeto. Esos valores dan a las cabezas de las gotas una resistencia muy alta, según explican los científicos. Para romper una, es necesario crear una grieta que entre en la zona de tensión interior de la esfera. Dado que las grietas en la superficie tienden a crecer paralelas a esa superficie, no pueden entrar en dicha zona. La manera más fácil de romper una de esas estructuras es, entonces, presionar en la cola, de manera a generar una perturbación que permite que las grietas lleguen a la zona de tensión.
Chandrasekar y Chaudhri empezaron a investigar el misterio de las esferas de Rupert en los años 90. En 1994, los científicos publicaron su primer estudio sobre el tema, en la Philosophical Magazine B, en el que utilizaron la fotografía de encuadre de alta velocidad para observar el proceso de ruptura de una gota. "Utilizamos la mejor tecnología disponible en aquella época y llegamos a fotografiar en una velocidad de hasta un millón de frames por segundo", cuenta Chaudhri en un correo electrónico.
Los científicos concluyeron, a partir de ese primer experimento, que la superficie de cada gota sufre tensiones altamente compresivas, mientras que el interior experimenta fuerzas de alta tensión. El objeto está, por lo tanto, en un estado de equilibrio inestable, que puede ser fácilmente perturbado al romperse la cola. Para alcanzar los resultados presentados en su último estudio, Chandrasekar y Chaudhri empezaron a colaborar con Hillar Aben, profesor de la Universidad Tecnológica de Tallinn, en Estonia, especialista en determinar las tensiones residuales en objetos tridimensionales transparentes. Los investigadores creen que ese trabajo explica la gran fuerza de las esferas de Rupert. "No creo que haya mucho que pueda ser desafiado respecto a la fotografía de alta velocidad, y con el polariscopio hemos determinado la distribución residual del estrés a lo largo de varias gotas. Nuevamente los números obtenidos son bastante sólidos", sostiene Chaudhri.
En el siglo XVII, el príncipe Rupert de Alemania regaló unas curiosas gotas de cristal al rey Carlos II de Inglaterra, que quedó intrigado por sus características inusuales: la cabeza de la gota es tan fuerte que puede soportar el impacto de un martillo, pero su cola es tan frágil que doblarla con los dedos hace que toda la estructura se desintegre instantáneamente en un polvo fino. Esas gotas —también llamadas lágrimas holandesas o esferas de Rupert— se hacen dejando caer manchas rojas de vidrio fundido en agua.
Los científicos han intentado, durante cuatro siglos, entender las propiedades de esas estructuras, pero solo ahora la tecnología ha permitido arrojar luz, literalmente, sobre el problema. Srinivasan Chandrasekar, de la Universidad de Purdue (Indiana, EE UU) y Munawar Chaudhri, de la Universidad de Cambridge, utilizaron un polariscopio de transmisión —un tipo de microscopio que mide la doble refracción en un objeto transparente axisimétrico, como las lágrimas holandesas— para medir la tensión en el interior de las gotas. En el experimento, los investigadores suspendieron la esfera en un líquido claro y la iluminaron con un LED rojo. Usando el polariscopio, midieron el retardo óptico de la luz a medida que viajaban a través de la estructura de vidrio, y luego utilizaron los datos para analizar la distribución del estrés a lo largo de toda la gota.
Los resultados, publicados en la revista Applied Physics Letters, mostraron que las cabezas de las gotas tienen una tensión de compresión de superficie mucho más alta de lo que se pensaba: 700 megapascales, casi 7.000 veces la presión atmosférica. Esa capa de compresión superficial es también delgada, aproximadamente el 10% del diámetro de la cabeza del objeto. Esos valores dan a las cabezas de las gotas una resistencia muy alta, según explican los científicos. Para romper una, es necesario crear una grieta que entre en la zona de tensión interior de la esfera. Dado que las grietas en la superficie tienden a crecer paralelas a esa superficie, no pueden entrar en dicha zona. La manera más fácil de romper una de esas estructuras es, entonces, presionar en la cola, de manera a generar una perturbación que permite que las grietas lleguen a la zona de tensión.
Chandrasekar y Chaudhri empezaron a investigar el misterio de las esferas de Rupert en los años 90. En 1994, los científicos publicaron su primer estudio sobre el tema, en la Philosophical Magazine B, en el que utilizaron la fotografía de encuadre de alta velocidad para observar el proceso de ruptura de una gota. "Utilizamos la mejor tecnología disponible en aquella época y llegamos a fotografiar en una velocidad de hasta un millón de frames por segundo", cuenta Chaudhri en un correo electrónico.
Los científicos concluyeron, a partir de ese primer experimento, que la superficie de cada gota sufre tensiones altamente compresivas, mientras que el interior experimenta fuerzas de alta tensión. El objeto está, por lo tanto, en un estado de equilibrio inestable, que puede ser fácilmente perturbado al romperse la cola. Para alcanzar los resultados presentados en su último estudio, Chandrasekar y Chaudhri empezaron a colaborar con Hillar Aben, profesor de la Universidad Tecnológica de Tallinn, en Estonia, especialista en determinar las tensiones residuales en objetos tridimensionales transparentes. Los investigadores creen que ese trabajo explica la gran fuerza de las esferas de Rupert. "No creo que haya mucho que pueda ser desafiado respecto a la fotografía de alta velocidad, y con el polariscopio hemos determinado la distribución residual del estrés a lo largo de varias gotas. Nuevamente los números obtenidos son bastante sólidos", sostiene Chaudhri.
miércoles, 10 de mayo de 2017
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